EOS Noticias

PODER CIUDADANO “El parto de los montes II”

Por: Arturo Ramos Medellín arlequin2020@hotmail.com
Continuando con el parto de los montes que han sido los ambiciosos anuncios al inicio de la actual gestión de la ciudad, ya en voz de su presidente o cualquiera de sus heraldos, y luego de ver que el edil capitalino acepta que no podrán llevar a cabo el paso a desnivel de El Saucito, cuyos recursos serán trasladados a otra u otras obras (Mora, 2023) toca el turno de auscultar otro de los proyectos anunciados con cierta pompa para la ciudad: El primeramente llamado paseo Esmeralda, derivado en Remodelación de la Calzada de Guadalupe, y que continúa anunciándose con el ruidoso sonido que proporciona el absoluto silencio. De este proyecto lo sabemos todo, pero no sabemos nada. Vámonos por partes.
De suyo era chocante la primera denominación de esta obra. El nombre Paseo Esmeralda de por sí es de un rococó potokitsch que recuerda al Doctor Chapatín, por aquello de qué “da cosa”. Y lleva el pecado original del clasismo y la exclusión por parte de una clase media aspiracional lumpen llegada al poder.
Para continuar con la problemática de la concepción de la obra, estaba basada en la falsa premisa, con endebles evidencias, de la existencia de un proyecto porfirista similar al del Paseo de la Reforma en la ciudad de México. Toda una falaz desproporción. El Paseo de la Reforma nace como vía de acceso a lugares de retiro desde épocas prehispánicas. En el Siglo XVI el virrey Luis de Velasco construyó un palacio, luego fue casa de descanso para virreyes desde tiempos de Bernardo de Gálvez, colegio militar y el Palacio imperial de Maximiliano y Carlota. Con el porfirismo se le dio el cariz de “Paseo”, mirando a París y sus promenades veraniegos, cuando nuestros positivistas tropicalizados miraban a Francia embelesados. Fueron estos últimos quienes consolidaron el aire aristocrático al mencionado paseo, haciéndolo un espacio de convivencia ligado a la aristocracia y la “gente de bien” perteneciente a nuestra Belle Époque.
Cosa contraria pasa con la falsa noción que prevalece en la mente del presidente Enrique Galindo, si nos apegamos a sus declaraciones públicas al respecto, de que en San Luis existió un proyecto similar en lo que hoy es la Calzada de Guadalupe, o Avenida Juárez apelando a nuestra bipolaridad histórica, esto es, que estaría destinada a ser un paseo afrancesado. Esto es a todas luces insostenible, aunque existan investigadores en historia que así lo concluyan, todo caso conformando falacias de falsa autoridad. Basta apelar al sentido común, mientras recordamos que la calzada potosina nace como un corredor procesional popular, ligado al abastecimiento de agua superficial ancestral trocado en los años de la colonia y hasta finales del Siglo XIX en infraestructura hidráulica. En su entorno se erigieron la comandancia de policía, que sería luego la zona militar, el leprosario, la escuela industrial militar donde estudiaban los huérfanos y jóvenes de escasos recursos, y que es señalada por Julián Carrillo como las nopaleras a afueras de la ciudad en su biografía. Nada

glamorosos los mentados rumbos, por lo que nunca estarían destinados a paseo alguno. Lo de Esmeralda es igualmente endeble y absolutamente alejado de cualquier proceso identitario. Aunque el reloj del Jardín Colón ostente este nombre en algunas de sus carátulas (otro problema gratuito si pensamos en los tiempos de revisionismos históricos que ahora corren), no existe ningún vínculo de identidad de los pobladores del rumbo con esta joyería, que, por cierto, al parecer sólo comercializó el aparato, no lo construyó. Usar este nombre es absolutamente innecesario y fuera de toda lógica.
Una vez que repararon en estos problemas iniciales, modificaron la denominación de paseo Esmeralda hacia simplemente “Rehabilitación de la calzada de Guadalupe”. Sin embargo, el principal problema no estaba en la forma sino en el fondo.
Uno de los principales riesgos que se corren es que se está pensando en una obra que no pone la debida atención a que toda la calzada de Guadalupe se encuentra en el perímetro B, o zona de amortiguamiento, de la inscripción de una parte de la ciudad en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO, dentro del itinerario del Camino Real de Tierra Adentro. No poner atención a esta circunstancia puede provocar que perdamos esa categoría.
Tal vez uno de los mayores riesgos que estamos corriendo, de llevarse a cabo esta obra sin el debido cuidado, es el de la gentrificación y la turistificación de una zona ampliamente habitada, en algunos casos con segundas o terceras generaciones de posesionarios de los inmuebles habitacionales, por un sector de la población que considera tradicional su estilo de vida y que no precisamente son personas con grandes recursos o altos índices de bienestar.
Quiero suponer que el lector informado entiende muy bien qué significa la gentrificación (aunque que el presidente municipal declaró públicamente desconocer el término cuándo se le advirtieron los riesgos en los primeros tiempos del anuncio de la obra) por lo que solo señalaré de manera general que es un proceso que tiende a elevar el precio del metro cuadrado y a cambiar el uso de suelo de las zonas que afecta, desplazando a la población local. La gentrificación es un problema perfectamente detectado en todo el mundo, resultado de la crisis neoliberal que padecemos. Lamento mucho que ni el presidente ni sus asesores tuvieran siquiera una aproximación de la problemática, caso contrario, no habrían propuesto el proyecto tal cual lo anunciaron en términos generales, con claras tendencias a gentrificar la zona. Y a turistificar.
Pariente de la gentrificación, la turistifación resulta de confundir el desarrollo con el crecimiento. Se piensa equivocadamente que al ofrecer servicios turísticos de calidad aumentará la derrama económica y se dará la maravillosa “cascada” en donde los beneficios económicos se reparten hacia todos los sectores y proveedores, desde el dueño de un restaurante de autor que te sangra en cada cuenta un promedio de $1,500.00 por persona o el bar con bebidas de $250.00, hasta la señora de las gorditas, la miscelánea del rumbo o la papelería de la esquina. La evidencia a nivel global demuestra que pasa exactamente lo mismo que con el mercado inmobiliario: Se encarecen las rentas, se complican los permisos, y se excluye de los servicios a la población local. Se mata al rumbo turistificado para

beneficio de unos cuantos poseedores de los medios de producción, ampliando la brecha de desigualdad.
Por más grandilocuente que sea presentado, por más atractivo que parezca a primera vista, proyectos de esta naturaleza traen mas males que beneficios. Así lo demuestra la evidencia empírica, que suficientemente se puede encontrar en la literatura científica que circula libremente en sitios como Google Académico. Ni siquiera se requiere ostentar grados académicos en ciencias sociales para comprenderlo, sólo demanda de un poco de curiosidad. Y de dejar de tener calenturas clasistas modelando un San Luis a modo de las neoconcepciones positivistas tropicalizadas, actualizaciones de las lúcidas descripciones de Leopoldo Zea en su obra (1).
Presidente de la ciudad de San Luis Potosí, Enrique Galindo, no vayan a condenar la inscripción en la Lista de Patrimonio Mundial de nuestra ciudad, no vayan a gentrificar la zona y a encarecer la vida para sus pobladores tradicionales. No sean rococó potokitsch.
(1).- El filósofo Leopoldo Zea describe con gran lucidez cómo luego de la debacle de los juaristas, que eran liberales puros, la élite porfirista tomó para sí algunas de las concepciones positivistas de Augusto Comte, que adaptaron a la realidad estamental y social de México, y usaron estas ideas más que para el progreso de todos, para su afianzamiento en el poder, y para beneficio de la clase política y sus allegados.
Referencias.
-Mora, Leonel. Septiembre 20, 2003. Dinero que era para el Saucito irá a Av. Himalaya. Pulso de San Luis. Recuperado el 20 de septiembre de 2023. https://pulsoslp.com.mx/slp/dinero-que-era-para-el-saucito-ira-a-av-himalaya/1720904

Los comentarios están cerrados.