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“Congreso vs. UASLP: el debate que no necesitábamos”

Por: Benjamín Ustoa

La reciente inconformidad de algunos diputados locales por la ausencia del rector Alejandro Zermeño en una convocatoria para “analizar” el presupuesto 2026 de la UASLP revela más un ánimo de confrontación política que un interés genuino por fortalecer a la universidad.

Que el rector no acuda a un llamado del Congreso no es nuevo. Lo verdaderamente inédito es que el Legislativo se haya reunido prácticamente en pleno para cuestionar cómo ejercerá la UASLP sus recursos, cuando la institución recibe la mayor parte de su financiamiento de la Federación y solo una fracción menor del gobierno estatal. Desde esa desproporción, el intento de “fiscalizar” al rector se percibe más como presión política que como ejercicio responsable.

La Universidad Autónoma de San Luis Potosí no es una dependencia del Ejecutivo ni un ente subordinado al Congreso. Es una institución histórica que representa a la juventud pensante, al desarrollo científico y humanístico del estado. De sus aulas han egresado médicos, investigadores, académicos y profesionales que han dado prestigio a San Luis Potosí y al país. Pretender doblegar a la autoridad universitaria desde una tribuna política es, por decir lo menos, lamentable.

Si los diputados realmente quisieran apoyar a la máxima casa de estudios, estarían discutiendo un aumento sustancial a su presupuesto para ampliar la matrícula y garantizar que más jóvenes tengan acceso a una carrera. En eso sí existe un punto válido de debate: los altos sueldos de ciertos directivos que superan los 180 mil e incluso 200 mil pesos mensuales. Ese es un tema interno que el Consejo Universitario debe atender con responsabilidad, equilibrando los salarios con los de docentes e investigadores.

Pero este asunto no justifica que desde el Legislativo se busque amagar, exhibir o desacreditar a la institución. La UASLP también tiene pendientes propios: mejorar protocolos de seguridad, atender denuncias de acoso y corregir prácticas administrativas que ya no tienen cabida en una universidad moderna. Sin embargo, estos retos deben abordarse con seriedad académica, no con escenificaciones políticas.

El Congreso del Estado no tiene autoridad moral para montar espectáculos que pretendan someter a un rector. La sociedad ya no tolera estas simulaciones. Los legisladores deberían recordar que representan a la ciudadanía por sus decisiones, no por herencia ni por favores políticos. Y la ciudadanía observa, evalúa y —cada vez más— sanciona en las urnas este tipo de montajes.

La UASLP debe corregir lo propio, sí. Pero el Congreso también debe entender su límite: la autonomía universitaria no es negociable ni un escenario para ganar reflectores.

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