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Teresa Rivera, presidenta concejal en el ojo del huracán

Dicen que cuando el río suena, agua lleva. Y en Villa de Pozos el rumor suena fuerte desde hace semanas: que Teresa Rivera podría dejar la presidencia concejal antes de terminar el año.

Las versiones se multiplican. Que no dio el ancho, que enfrenta problemas de salud, que al gobernador le preocupa la falta de liderazgo, que el secretario general ya pidió su renuncia o que el Partido Verde insiste en colocar a un familiar. Especulaciones todas, pero suficientes para mantener en vilo la política pozense.

Por ahora, la presidenta concejal sigue en funciones, aunque con menor exposición pública. Concejales cercanos aseguran que no hay señales de licencia ni relevo inmediato, aunque los movimientos recientes en el Congreso y los pasillos políticos apuntan a un posible cambio en diciembre.

La concejal Maribel Lemoine fue quien introdujo el argumento del artículo 118, de la Ley Electoral, señalando que la diputada Patricia Aradillas estaría impedida para asumir la presidencia concejal. Sin embargo, ese razonamiento jurídico no ha aplicaría según legisladores por tratarse de una designación y no de un proceso electoral. Por tanto, en los hechos mantiene abierta la posibilidad de que el Congreso vea en Aradillas el relevo de Rivera, por designación.

El huracán de rumores ya no sólo envuelve a la actual presidenta, sino que también salpica la elegibilidad de su probable sustituta. Y mientras los dimes y diretes crecen, en la realidad de Pozos parece que no pasa nada: los servicios públicos enfrentan carencias, los retos administrativos se acumulan y los concejales continúan en su rutina, algunos más preocupados por la grilla que por el trabajo.

Pobre Villa de Pozos, con tantos desafíos por resolver y con tantos grillos en la olla. Si de cambios se trata, quizá valdría la pena mover a más de cuatro concejales que sólo se rascan la panza mientras el nuevo municipio busca salir a flote.

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