La advertencia de la magistrada presidenta del Tribunal Electoral del Estado, Denisse Porras, debería sacudirnos como sociedad. “No podemos dejar indefensas a las mujeres ni permitir que las redes sean tierra de nadie”, dijo, y tiene razón. En la era digital, donde las campañas políticas se libran tanto en los tribunales como en los algoritmos, el vacío normativo en redes sociales se ha vuelto un riesgo democrático.
Las plataformas digitales son hoy el nuevo campo de batalla electoral. En ellas se construyen narrativas, se difunden rumores y se destruyen reputaciones en segundos. Pero mientras la política avanza al ritmo de la viralidad, la ley sigue caminando con pasos torpes. Lo que ocurre en redes no queda en redes: incide en el voto, en la percepción pública y, sobre todo, en la seguridad y dignidad de quienes participan, especialmente las mujeres.
La violencia digital ya no es un fenómeno aislado. Es una forma moderna de exclusión política. Los ataques coordinados, los mensajes de odio y la desinformación disfrazada de libertad de expresión se convierten en herramientas de intimidación. Por eso la línea que menciona Porras —entre libertad y violencia— no es solo delgada: es peligrosa.
Regular no significa censurar, sino poner límites donde la impunidad digital se disfraza de opinión. La libertad de expresión no puede ser excusa para humillar, amenazar o anular a una candidata, ni para manipular a la ciudadanía con campañas anónimas o inteligencia artificial al servicio de intereses oscuros.
El reto que plantea la magistrada va más allá de los tribunales: implica educar digitalmente a una sociedad entera, a partidos, medios y votantes. Requiere reconocer que la democracia no solo se defiende con votos, sino también con ética en línea.
Porque sí, las redes sociales deben seguir siendo espacios libres, pero no tierra de nadie. La libertad digital no puede existir sin responsabilidad, y el futuro de nuestras elecciones dependerá de qué tan capaces seamos de trazar esa frontera antes de que el odio, la mentira y la violencia la borren por completo.
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