Mientras miles de ciudadanos removían escombros y buscaban sobrevivientes, el gobierno federal enfrentaba una emergencia de dimensiones desconocidas. El propio presidente terminó reconociendo públicamente que el Estado no tenía elementos suficientes para responder con la rapidez necesaria.
El terremoto del 19 de septiembre de 1985 no solamente derrumbó edificios. También puso a prueba la capacidad del gobierno mexicano para responder ante una catástrofe de enormes dimensiones.
Miguel de la Madrid Hurtado era presidente de México. Horas después del terremoto recorrió junto con el regente del Distrito Federal, Ramón Aguirre, algunas de las zonas afectadas. Una cronología publicada por la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM ubica ese recorrido alrededor de las 10:30 horas.
Pero sería hasta la noche del 20 de septiembre cuando De la Madrid dirigiría uno de sus mensajes más recordados a la población.
El mandatario reconoció entonces algo poco habitual en el discurso presidencial de aquellos años: la capacidad gubernamental había sido insuficiente ante la magnitud del desastre.
“La tragedia de tal magnitud nos ha rebasado en muchos casos”.
De la Madrid agregó que México no contaba con elementos suficientes para afrontar con rapidez y suficiencia una emergencia de esas dimensiones.
Las prioridades, señaló, eran rescatar a quienes continuaban atrapados, atender a lesionados y damnificados, proporcionar albergue y alimentos y recuperar servicios como agua, electricidad y telecomunicaciones.
El presidente también reconoció abiertamente la participación de la sociedad.
Ciudadanos habían acudido espontáneamente a las zonas de desastre con herramientas compradas en tlapalerías para incorporarse a las labores de rescate.
De la Madrid dijo sentirse orgulloso de esa respuesta popular y destacó la fraternidad y solidaridad mostradas por los habitantes.
Sin embargo, su actuación y la respuesta gubernamental se convertirían posteriormente en objeto de fuertes críticas y análisis históricos, particularmente por el contraste entre la magnitud de la movilización ciudadana y las limitaciones institucionales evidenciadas durante las primeras horas.
Un año después, el propio presidente admitiría que la acción gubernamental, por sí sola, no habría sido suficiente para enfrentar la emergencia.
En su Informe de Gobierno de 1986 detalló algunas dimensiones del desastre: la Ciudad de México había perdido alrededor del 30 por ciento de su capacidad hospitalaria; 1,568 escuelas resultaron afectadas y aproximadamente 1 millón 280 mil servicios eléctricos sufrieron averías. También reconoció a voluntarios, jóvenes, soldados, marinos y rescatistas internacionales.
De aquella experiencia terminaría consolidándose una transformación fundamental en la manera de enfrentar los desastres.
México avanzó hacia la construcción del Sistema Nacional de Protección Civil.
Pero quedó también una frase pronunciada por el propio presidente que resumió la dimensión de lo ocurrido:
“La tragedia… nos ha rebasado”.