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No se puede curar el cáncer del sistema de salud con paracetamol

Por: Benjamín Ustoa

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El sistema de salud mexicano está enfermo. Gravemente enfermo. Y lo peor es que quienes tienen la responsabilidad de salvarlo parecen empeñados en seguir recetándole paracetamol a un paciente que necesita cirugía mayor.

La crisis del IMSS, del ISSSTE y del IMSS-Bienestar no comenzó ayer, ni con este gobierno, ni siquiera con el anterior. Es una enfermedad crónica que lleva décadas avanzando entre la burocracia, la corrupción, las malas decisiones, los nombramientos políticos y una incapacidad administrativa que termina pagando el ciudadano con su salud y, en demasiadas ocasiones, con su vida.

Porque mientras los funcionarios presumen inversiones millonarias, hospitales, equipos de última generación y cifras de atención médica, hay una realidad que difícilmente cabe en sus discursos: pacientes esperando meses por una cirugía, familias comprando medicamentos que deberían recibir gratuitamente, enfermos trasladados de una ciudad a otra y adultos mayores que enfrentan un auténtico viacrucis para conseguir una consulta, un tratamiento o una intervención quirúrgica.

Y aquí hay que decirlo con todas sus letras: los trabajadores de la salud no son los únicos que han soportado esta crisis.

También la han soportado millones de derechohabientes. La han padecido las familias que venden sus pertenencias para comprar medicamentos, los hijos que se endeudan para atender a sus padres y quienes han perdido a un ser querido en circunstancias donde la falta de atención oportuna, de equipo o de insumos pudo haber influido en el desenlace.

No todas esas muertes pueden atribuirse automáticamente a negligencia médica. Pero tampoco puede normalizarse que un paciente tenga que luchar contra la enfermedad y, al mismo tiempo, contra las deficiencias del hospital que debería atenderlo.

Sheinbaum necesita un García Harfuch para rescatar la salud

La presidenta Claudia Sheinbaum necesita entender que el problema de salud no se resolverá con discursos optimistas ni con funcionarios que administran las carencias mientras esperan instrucciones de Palacio Nacional.

Necesita en el sector salud a alguien con la capacidad operativa, la disciplina, la coordinación y la exigencia de resultados que se esperan de Omar García Harfuch en materia de seguridad.

No se trata de poner a un policía a dirigir hospitales. Se trata de encontrar un perfil capaz de identificar los problemas, coordinar instituciones, combatir la corrupción, tomar decisiones y rendir cuentas con resultados verificables.

Porque el país no necesita otro funcionario que explique por qué no hay medicamentos. Necesita uno que garantice que lleguen.

No necesita otro director que justifique por qué no se realizan las cirugías. Necesita uno que encuentre la manera de realizarlas.

Y tampoco necesita seguir repartiendo cargos entre recomendados, cuotas políticas o personajes cuya principal virtud sea la cercanía con quienes gobiernan.

La salud pública no puede seguir funcionando como una bolsa de trabajo para compromisos políticos.

San Luis Potosí: equipos que existen, pero no resuelven

En San Luis Potosí, las quejas sobre las deficiencias hospitalarias muestran hasta dónde puede llegar el absurdo administrativo.

Pacientes que deben trasladarse a Monterrey para recibir atención especializada, incluso en procedimientos como la colocación de marcapasos, enfrentan viajes, gastos, incertidumbre y citas que no siempre terminan con el tratamiento esperado.

Y surge una pregunta elemental: ¿por qué determinados procedimientos no pueden resolverse oportunamente en San Luis Potosí?

Hay señalamientos sobre equipos médicos disponibles que no pueden utilizarse por falta de personal técnico especializado. Si esto ocurre, estamos ante una muestra de pésima planeación: adquirir tecnología sin garantizar que existan profesionales capacitados para operarla.

¿De qué sirve comprar aparatos millonarios si terminan guardados mientras los pacientes esperan?

¿De qué sirve presumir infraestructura hospitalaria cuando faltan especialistas, medicamentos, material quirúrgico o personal suficiente?

Es indispensable que las autoridades informen cuántos equipos están fuera de servicio, cuántas cirugías se encuentran pendientes y cuáles son las causas reales de los retrasos.

Porque un hospital no se mide por los millones invertidos en sus instalaciones, sino por su capacidad para salvar vidas.

Los trabajadores deben luchar también por los pacientes

Las recientes manifestaciones de trabajadores del IMSS han vuelto a colocar sobre la mesa las demandas de mejores salarios, jubilaciones dignas y condiciones laborales adecuadas.

Y tienen derecho a exigirlas.

Pero aquí viene la parte incómoda.

La lucha sindical no puede limitarse a mejorar las condiciones económicas de los trabajadores mientras los derechohabientes continúan enfrentando hospitales sin medicamentos, sin insumos y con cirugías postergadas.

Sería profundamente contradictorio utilizar las carencias del sistema como argumento para una movilización y después dar por terminada la protesta únicamente porque se consiguió un incremento salarial.

Los trabajadores del IMSS, del ISSSTE y de los servicios estatales de salud conocen mejor que nadie lo que ocurre dentro de los hospitales. Saben qué medicamentos faltan, qué equipos no funcionan, qué servicios están rebasados y dónde se encuentran los problemas administrativos.

Por eso tienen una responsabilidad que va más allá de sus contratos colectivos.

Si van a salir a las calles, que también sea para exigir hospitales equipados, abasto permanente de medicamentos, contratación de especialistas, mantenimiento de equipos y atención digna para los pacientes.

Que sus exigencias no terminen en la nómina.

Que la defensa de los derechohabientes no sea una consigna de ocasión.

Y que las protestas se mantengan mediante mecanismos que no pongan en riesgo la atención de urgencias ni a los pacientes más vulnerables, hasta obtener compromisos concretos, verificables y con fechas de cumplimiento.

Porque mejorar el salario de un trabajador es legítimo, pero no equivale a reparar un sistema de salud que lleva décadas deteriorándose.

El verdadero enfermo es el sistema

La presidenta Sheinbaum tiene ante sí uno de los desafíos más importantes de su administración.

No basta con construir hospitales si después no hay médicos suficientes. No basta con comprar tecnología si nadie puede operarla. No basta con anunciar compras consolidadas de medicamentos si estos no llegan oportunamente a las manos de los pacientes.

Tampoco basta con cambiar nombres de instituciones, reorganizar estructuras administrativas o presentar estadísticas que no reflejan la experiencia cotidiana de los derechohabientes.

El problema exige una revisión profunda de la administración, las compras, la distribución de medicamentos, la formación de especialistas y los mecanismos de supervisión.

También exige responsabilidades. Cuando una cirugía se cancela por falta de insumos, cuando un equipo permanece inutilizado o cuando un paciente pierde meses esperando atención, alguien debe explicar qué ocurrió y qué se hará para corregirlo.

Los mexicanos no necesitan que les digan que el sistema de salud está mejorando mientras siguen comprando sus propias medicinas.

Necesitan comprobarlo cuando llegan a una farmacia hospitalaria y reciben su tratamiento completo. Cuando les programan una cirugía y efectivamente se realiza. Cuando un adulto mayor recibe atención sin tener que peregrinar de hospital en hospital.

El derecho a la salud no puede depender de la suerte, de las influencias políticas ni de la capacidad económica de una familia.

Y mientras las autoridades continúen administrando la crisis en lugar de resolver sus causas, las manifestaciones podrán conseguir aumentos salariales, los funcionarios podrán anunciar nuevas inversiones y los gobiernos podrán presumir cifras millonarias.

Pero el paciente seguirá esperando.

Seguirá comprando medicamentos.

Seguirá buscando una cirugía.

Y algunos seguirán muriendo antes de recibir la atención que necesitaban.

Porque el cáncer del sistema de salud mexicano no se cura con discursos, promesas, cambios de funcionarios ni paracetamol.

Se necesita una cirugía mayor. Y urge realizarla antes de que sea demasiado tarde.

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