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El meme: La caricatura política de nuestro tiempo

POR: Rodrigo Ramírez Urbina

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Cualquiera que haya pasado algún tiempo navegando por internet seguramente se habrá encontrado con ejemplos del controvertido y fascinante, “meme”.

Pero el origen de la palabra es mucho más antiguo que las redes sociales. El biólogo evolutivo Richard Dawkinsutilizó por primera vez el término meme para referirse a una unidad de transmisión cultural capaz de reproducirse, transmitirse y transformarse de una persona a otra, de manera semejante —como analogía— a la transmisión de los genes.

Hoy, el meme puede ser mucho más que una imagen graciosa, puede convertirse en una forma de comunicación política, en una crítica, en una parodia o incluso en la caricatura política de nuestro tiempo.

Antes, el cartón político necesitaba un periódico, una imprenta y el trabajo de un caricaturista. Hoy puede bastar una fotografía, una frase y unos cuantos segundos.

El meme es, en cierto sentido, el grafiti digital de nuestra época una crítica plasmada en una imagen que puede alcanzar a millones de personas.

Mientras el Gobierno y quienes respaldan la reforma sostienen que su objetivo es combatir la piratería, la falsificación y los usos fraudulentos de la identidad institucional, sectores de la oposición y organizaciones defensoras de la libertad de expresión han advertido sobre el riesgo de que determinadas interpretaciones puedan afectar la sátira o la crítica política.

El problema no está únicamente en lo que sus defensores dicen que pretende hacer una legislación, también está en lo que una norma puede permitir hacer dependiendo de cómo sea interpretada y aplicada.

Porque el meme tiene una característica que lo hace especialmente poderoso: puede convertir una idea compleja en una imagen que cualquier persona entiende en segundos.Puede hacer reír, incomodar, pero también puede exagerar, ser injusto o cuestionar al poder.

En una democracia, la libertad de expresión no se pone a prueba únicamente cuando alguien pronuncia un discurso en una colonia o expresa una opinión en la prensa, también se pone a prueba cuando alguien dibuja una caricatura, cuando alguien hace una parodia, cuando alguien utiliza el humor para señalar una contradicción y, en nuestros tiempos, cuando alguien convierte todo eso en un meme.

Porque quizá el verdadero valor democrático del meme estáen que permite que la sociedad cuestione al poder.

Tal vez el verdadero problema de la llamada “Ley Antimemes” no sea el meme. El meme solamente hizo visible una discusión, ¿cuánto poder puede otorgarse al Estado para regular aquello que una sociedad puede parodiar o criticar?

AVISO EDITORIAL: Las opiniones expresadas en este espacio son responsabilidad exclusiva de sus autores y no representan necesariamente la postura, opinión ni los intereses editoriales de EosNoticiasSLP.mx.
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