La torre del Hospital Juárez se desplomó durante el terremoto de 1985. Bajo toneladas de concreto quedaron médicos, enfermeras, pacientes y recién nacidos. Cuando las posibilidades de encontrar sobrevivientes parecían agotarse, comenzaron a escucharse señales de vida.
Habían pasado días. Para entonces, la Ciudad de México olía a polvo, concreto y tragedia. Pero debajo de las ruinas del Hospital Juárez todavía había vida.
El terremoto del 19 de septiembre de 1985 provocó el colapso de la torre de hospitalización del histórico nosocomio. Médicos, enfermeras, trabajadores, pacientes y familiares quedaron atrapados.
Entre ellos había recién nacidos. Las horas transcurrieron. Mientras los rescatistas avanzaban lentamente entre placas de concreto, varillas retorcidas y espacios donde apenas podía entrar una persona, comenzaron a surgir noticias que parecían imposibles.
El Hospital Juárez de México documenta que 16 neonatos fueron rescatados de entre los escombros, entre el 22 y el 26 de septiembre de 1985.
La noticia recorrió México y el mundo. El 25 de septiembre, seis días después del terremoto, The Washington Post documentó el rescate con vida de un bebé mientras equipos mexicanos y extranjeros continuaban abriendo paso entre las ruinas en busca de más sobrevivientes.
Los pequeños terminaron siendo conocidos popularmente como “los bebés milagro”. Pero detrás del llamado milagro hubo jornadas interminables de búsqueda.
Bomberos, médicos, voluntarios y rescatistas trabajaron día y noche. Testimonios recuperados posteriormente por la UNAM recuerdan que equipos de rescate encontraron bebés con vida incluso una semana después del terremoto.
Cada rescate renovaba las esperanzas. Mientras existiera la posibilidad de escuchar un llanto, un golpe o cualquier señal debajo del concreto, nadie quería detenerse.
Décadas después, algunos de aquellos bebés han podido conocer a quienes participaron en su rescate.
Sara Valencia es uno de esos casos. Era una recién nacida cuando quedó atrapada bajo las ruinas. Cuarenta años después, en 2025, pudo encontrarse con uno de los jóvenes que participó en su rescate.
El Hospital Juárez perdió parte de sus instalaciones y centenares de vidas durante aquella mañana.
Pero entre tanta muerte quedó también una de las historias más extraordinarias del terremoto de 1985.
Cuando prácticamente todo indicaba que debajo de aquellas toneladas de concreto ya no podía quedar nadie vivo, los rescatistas siguieron buscando.
Y entonces escucharon a los niños.
Habían sobrevivido.