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Cuando El Equipo No Camina Parejo

Por Benjamin Ustoa

“Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no permanecerá.”

— Evangelio de Mateo 12:25

La frase bíblica parece escrita para describir lo que hoy ocurre al interior del ayuntamiento capitalino encabezado por Enrique Galindo Ceballos. Mientras el alcalde trabaja a marchas forzadas, intentando mantener presencia, proyectos y resultados, buena parte de su equipo parece vivir en otra realidad: la de la comodidad, la simulación y el exceso de confianza.

La continuidad administrativa, que debió servir para consolidar experiencia y eficacia, en algunos casos terminó convirtiéndose en soberbia. Hay funcionarios que olvidaron que no fueron colocados en el cargo para sentirse importantes, sino para dar resultados. Y peor aún, confunden la lealtad con la adulación barata, creyendo que hacerle la barba al alcalde equivale a cumplir con su responsabilidad.

No es así.

La ciudadanía no vota por aplausos ni por selfies en eventos oficiales. La gente exige servicios, atención, resultados y funcionarios capaces de responder. Porque al final del día, los verdaderos jefes no están sentados en Palacio Municipal, sino en las calles, en las colonias y en las urnas.

Y el ejemplo más claro se observa en los eventos públicos. Ahí aparecen directores y funcionarios acompañando al alcalde, caminando detrás de él, posando para la foto institucional… pero cuando llega el momento de informar, explicar o defender el trabajo de sus áreas, simplemente desaparecen. La prensa pregunta y las respuestas nunca llegan. Hay evasivas, pretextos o silencios incómodos.

Eso refleja dos posibilidades: o no hay trabajo que presumir, o creen que la recomendación política les garantiza permanencia eterna.

Un director eficiente debe conocer perfectamente los avances de su dependencia y estar listo para comunicar resultados. Informar también es gobernar. Hablar del trabajo realizado fortalece a la administración y suma al proyecto político del alcalde. Pero esconderse frente a los medios únicamente alimenta la percepción de opacidad, improvisación y desinterés.

Muchos parecen olvidar una verdad básica de la política: los aplausos casi siempre son para la silla, no para quien la ocupa temporalmente.

Hoy el verdadero reto para Enrique Galindo no parece estar solamente en las obras o en los proyectos urbanos, sino en lograr que su equipo realmente entienda el compromiso que implica gobernar. Necesita funcionarios que trabajen, comuniquen y den la cara, no acompañantes de ceremonia con aires de grandeza.

Porque ningún proyecto político avanza cuando cada quien jala para su lado. Y como dice Mateo, toda casa dividida termina por derrumbarse.

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