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Auditar sin consecuencias: el legado incómodo de Colmenares

Por años, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) ha sido presentada como el gran guardián del dinero público. El problema es que, bajo la gestión de David Colmenares Páramo, ese guardián parece llegar siempre cuando el daño ya está hecho… y cuando los responsables ya no están.

No se puede negar que la ASF produce informes voluminosos, cifras escandalosas y montos que indignan: decenas de miles de millones de pesos “por aclarar”. El dilema es otro: ¿qué pasa después? Poco. Muy poco. Observaciones que se diluyen, procesos que se alargan y sanciones que rara vez alcanzan a quienes tomaron las decisiones.

Colmenares no está acusado de corrupción directa, y eso conviene decirlo. El cuestionamiento es más profundo y más grave: ineficacia. Una auditoría que revisa bien, pero castiga mal —o no castiga— termina siendo funcional al sistema que dice vigilar. Detectar desvíos sin consecuencias reales no es fiscalizar; es archivar el saqueo con buena redacción técnica.

El debate sobre su posible ratificación ha exhibido algo más que una discusión administrativa. En la Cámara de Diputados, el tema no es si Colmenares “cumple” con el perfil legal, sino si le conviene al poder mantener una ASF predecible, lenta y políticamente cómoda. Una auditoría que no incomoda es el sueño de cualquier gobierno.

La defensa clásica es que “la ASF no sanciona, solo observa”. Cierto, pero también es una coartada. La fortaleza de una institución no está solo en lo que detecta, sino en la presión real que genera para que haya consecuencias. Hoy, la ASF parece más una oficina de diagnóstico que un órgano de control efectivo.

Si Colmenares es ratificado, el mensaje será claro: más de lo mismo. Continuidad, prudencia excesiva y un sistema donde el costo político de desviar recursos sigue siendo bajo. Si no lo es, se abrirá una oportunidad —no garantizada— de replantear el papel de la fiscalización como un verdadero contrapeso y no como una estadística anual.

La pregunta de fondo no es si Colmenares se queda o se va. La pregunta incómoda es otra: ¿queremos una auditoría que informe o una que incomode? Porque mientras la ASF siga llegando tarde, la corrupción seguirá llegando temprano.

Por eso, su posible continuidad después del 25 de marzo del 2026, no está asegurada pues en la Cámara de diputados tienen muchas dudas…

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